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domingo, 20 de noviembre de 2016

tardes de noviembre

Siempre me ha gustado la magia y el color de las tardes de noviembre. Son cortas y tibias, se dejan saborear y acompañar con la fugacidad de aquella estrella que atravesó el cielo una noche de agosto. Empieza con la tristeza del vacío de aquellos que nos acompañaron a lo largo de nuestra vida, si bien es cierto, que todos los días del año también siguen presentes en nuestra mente y corazón indistintamente.
Avanzan las hojas de la agenda y nos encontramos con las Glorias por excelencia: Todos los Santos, y la alegría y estilo de la calle Feria hecho uno; Amparo de la Magdalena, rancio cofrade con aires de aquella grandeza hoy por hoy recuperada para gloria de María. Besamanos en Heliopolis, y desastres futbolísticos justo enfrente.
Avanzan los días y mi corazón se dirige al dorso de una mano que se me ofrece directa, a pesar de tan vacilante y herida figura. Mara me llama. Me vuelve los ojos igual que a "Juanillo", pero me conforta a la vez, sabiendo que esa mano precisamente es el apoyo que necesito. El salvavidas que me anuncia que nunca hay oscuridad al final del camino. Allí, me encontraré con Ella. Con la Esperanza

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